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Paso de los Libres
Martes, 05 de enero de 2010
Paso de los Libres


Departamento de Paso de los Libres

Ciudad de Paso de Los Libres

La primera vista de la ciudad confunde... tan distinta a otras localidades de Corrientes: cosmopolita, moderna, colorida y con mucha actividad como toda ciudad de frontera. Sin embargo, basta caminar por sus veredas y hablar con su gente para que el acento aflore. Y para refrendar el sentimiento correntino, cualquier vecino caminará cantando a viva voz un tema del “Señor del Chamamé”, Don Ernesto Montiel, fundador del célebre Cuarteto Santa Ana e hijo dilecto de Paso de los Libres.
El Carnaval libreño
Esta es una historia lejana, que casi comienza con el siglo pasado, cuando aún en contra de la tradición hispana, los acontecimientos públicos no los celebrábamos en la plaza sino en la Calle Real.
Cruzan en bandadas los recuerdos de los festejos del Centenario, cuando Ramona Vessini e Isolina Feu organizaron una comisión de damas para fundar la Banda Lisa, bajo la dirección del maestro Ferragón.
Del negro "Maneco" se dice que ponía tanta fuerza al soplar la trompeta, que más de una vez hizo estallar el instrumento.
Más acá en el tiempo, la gente se asomaba a los balcones y algunos presenciaban desde los polvorientos costados de la calle, otros desde las azoteas (los chiquilines enroscados en las rejas de las ventanas) el desopilante paso de los bullangueros y sus murgas del Carnaval. Después, acostumbrábamos a cruzar el Uruguay en grandes lanchones y participar allí de la máxima fiesta popular. Y ellos también venían a los "Grandes Bailes de Carnaval Hoy Concurra", que organizaban los comerciantes.
Pero desde 1948 para acá, a pesar del Puente, nos empecinamos en tener nuestro propio Carnaval. ¡Claro! ¡Por aquí ya habían andado los gitanos, y habín llegado los uruguayos con su candombe! ¿Y acaso en el cambá-cuá, no se escuchaban en la noche frenéticos ritmos de tamboras?
Pero teníamos que crear algo que fuese original: no el triste y cansino andar de la murga; tampoco el avasallante y multitudinario tropel de la "turma", ni el afiebrado andar del "bloco". No.
Un "Carnaval de Paso de los Libres" con el ritmo del samba, pero nuestro. ¿Fue posible? ¡Sí, fue posible!
Alguna vez alguien, no sabemos quien, tendrá que contarnos címo, de qué manera, empezó todo. Con precisión, con rigor documental. ¿De acuerdo?
Habrá que apelar a la memoria de aquellas niñas de la década del 50 y tal vez complicarnos con sus nietos para que extraigan de sus cofres las fotografías de la Calle Real y nos descubran de nuevo en el brillo de sus ojos, las luces del Corso, los pequeños relámpagos de las lentejuelas y que nos cuenten de la Epifanía del Carnaval Correntino.
Y casi seguro que escucharemos de nuevo al maestro "Basinho" en su palco orquestal del Barraca. Y veremos al jurado sobrio (más o menos, como siempre), ¡imparcial! (más o menos, como siempre), en su pedestal de Colón y Mitre. Admiraremos como en la década de los años 50, las fantasías cuyos costos eran de "cientos de pesos" y nos hablarán de un espectáculo sin igual, único en el país, que tiene su tiempo "oficial", pero que se prolonga indefinidamente en los bailes del Guaraní, el Progreso, el Sargento Cabral, y más aún: se mantiene comentado en los mercados a la mañana temprano cuando se hacen las compras. "¡Y vos sabés que me encontré con mi amiga fulana y ya no me saluda más, porque la nena mía está en Carumbé y la de ella en Zum Zum!".
Y cada año, cada Carnaval, ¡mejor!. Ya no fueron suficientes los tocados con costosísimas plumas importadas. Tampoco las minadas de lentejuelas. Tampoco que las carrozas hayan sido montadas en trenes de acoplados y que los directivos requisen los grupos electrógenos de plaza.
Había que, por ejemplo, hablarle a fulano para que en una maniobra digna de Casanova, trate de "afilar" desde un tiempo antes del Corso con la niña más linda de la otra comparsa y que "se pase" al grupo del audaz tenorio. ¡Menos mal que la maniobra se descubrió pronto, y entonces el ardid no corrió más!
"Pirulín" o "Kismet", sin alternativas. "Carumbé" o "Zum Zum" (el orden de mención no significa preferencia alguna). Los coloridos estandartes de Paso de los Libres que sirvieron para acolchar esta "Cuna del Carnaval Correntino", hasta que creció, se hizo mariposa multicolor y se fue a Corrientes. ¿Alguna vez podremos saber quién o quienes fueron los ideólogos del trasplante? (de saber, ¡se sabe!).
Y en ese marco fastuoso, "Los hijos del pueblo", "Los ciclistas unidos", todos ellos pioneros del gran espectáculo. Cada uno, sintiéndose padre de nuestro Carnaval.
Hace mucho tiempo. La versión que ya es tradición, dice que por 1950 un grupo de "Pirulín" se desprendió del tronco y brotó con el nombre de "Carumbé" para representar hasta 1952 al Club Progreso y luego formar rancho aparte.
Pero el apasionamiento carnestolendo no concluyó en esos divorcios: en 1956 aparece en escena la agrupación "Zum Zum" para ocupar una considerable porción (no se dice cuánto) del corazón de Paso de los Libres, y ubicarse también en las preferencias de los turistas.
De aquí al próximo Carnaval hay un largo camino por recorrer. Sin embargo, si alguna vez viene un gran inquisidor y nos pregunta: ¿Dónde está ahora el Carnaval Correntino?, al unísono responderemos: "En Paso de los Libres, señor!".