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La tragedia de Bella Vista
Lunes, 05 de septiembre de 2011
La tragedia de Bella Vista


Esta nota tiene el propósito de rendir un humilde homenaje a un grupo de músicos chamameceros, que por un fatal destino protagonizaron lo que la prensa dio en titular “La tragedia de Bella Vista” Justamente el día 8 de Septiembre de 1989, en la localidad de Bella Vista, provincia de Corrientes, un colectivo se desbarrancaba a las aguas del río Paraná con un contingente de músicos que debían cumplir esa noche con una presentación artística.

 

Varios de ellos pudieron salvar sus vidas, gracias a Dios. Otros perecieron en el accidente. Sumaron seis las victimas, entre los músicos, más los dos conductores del micro. Ellos fueron: Daniel “Yacaré” Aguirre, recitador y presentador de conjuntos chamameceros, que iniciara sus actividades junto a Transito Cocomarola; Joaquín “Gringo” Sheridan, eximio bandoneonísta, aquel que iniciara junto a Julio Cáceres el conjunto “Los de Imaguaré”; Miguel Ángel “Michel” Sheridan, hermano de Joaquín y gran ejecutante de la guitarra y excelente voz; “Chango” Paniagua, guitarra y voz del conjunto “Trío Corrientes”; Zito Segovia, canta-autor de la “Nueva Trova” del Chaco, que portaba un estilo renovador y lleno de promesas de un futuro artístico en ascenso; Jhonhy Behr, percusionista de Zito, que aportaba rítmica precisa para el inédito repertorio de Segovia en sus “Chamamé Candombes” y “Charandas”, que exhumara con gran aceptación popular.

 

“Gringo” y “Michel” Sheridan se habían unido a otro hermano llamado “Bocha” y a Ricardo “Tito” Gómez, integrando un nuevo conjunto denominado “Reencuentro” que estaba gozando del aplauso y dejó algunos trabajos discográficos de real valía. Con un repertorio muy personal con ensambles instrumentales y creativos, propios de los arreglos del “Gringo” y “Tito”, que eran las voces de “Michel” y el “Bocha” cobraron un resonante éxito.

 

Leónidas “Chango” Paniagua estaba en el “Trío Corrientes”, con Ricardo Scófano y Oscar “Cacho” Espíndola; estos dos últimos se salvaron de las torrentosas aguas milagrosamente.

 

Zito y Jonhy se encontraron sorpresivamente con un destino que truncó los proyectos de un enorme talento musical, puesto al servicio de la música popular de nuestra región, que poseía un mensaje y un contenido singular, lleno de fuerza y emotividad.

 

Todos han dejado, como herencia y testimonio de su vocación chamamecera, sus grabaciones en placas discográficas, que son la evidencia de que fueron músicos notables, únicos e irreemplazables.

 

Cada 8 de Septiembre, manos amigas, manos chamameceras, arrojan flores al río, al hermano y padre río, que los acogió en su seno para cumplir con aquellas estrofas del Chamamé más sentido, que expresa: “… por el río me iré, con la lluvia vendré… ”, a refrescarnos el espíritu con ese canto de siempre, con el “bando” y las guitarras, portadoras de un mensaje que nos moja el alma e inunda nuestras gargantas apagando el llanto de un pueblo que los colmó de aplausos y renace en cada chamamé, en el sapucai más estridente, que hoy le brindamos con admiración y afecto.