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Última luna Chamamecera
Miércoles, 01 de febrero de 2017
Tarragó Ros volvió al repertorio clásico y se reconcilió con el público
Uno de los números esperados de la noche fue el de Antonio Tarragó Ros. La expectativa, además de lo musical, estaba puesta en la posibilidad de que hiciera algún comentario referente a su reciente lanzamiento a la política, lo que finalmente no sucedió.


Au presentación fue de un fuerte contraste con la del año pasado, cuando intentó innovar con un espectáculo más adecuado para un teatro que para el Cocomarola. Así, su inicio con “Tarragoseando” ya estableció el primer vínculo con el público, que revivió su maestría con el acordeón.

Una breve evocación dio paso a “El cielo del albañil”, una hermosa canción compuesta junto a Teresa Parodi, y que a pesar de su belleza musical y poética no suele formar parte de los repertorios en la Fiesta.

Después, el delirio: “El Toro” hizo explotar al público. Tarragó aprovechó para romper los protocolos y dar trabajo al personal de seguridad: bajó del escenario por la escalera de la pasarela central y recorrió, siempre tocando, las primeras filas de asientos, donde el público prácticamente se le tiró encima.

Casi sin aliento, otra vez sobre el escenario, “María va” sonó, primero como recitado y luego como canción. Con el clima especial que generó este tema, Antonio Tarragó Ros dedicó un homenaje a los caídos en Malvinas. “En mis recorridas por la provincia me encuentro con sus familiares y me cuentan que, más que la muerte, lo que les duele es el olvido. Por eso quiero aprovechar algunos de los minutos que tengo en el escenario para recordarlos”, dijo, y dio paso al locutor, que leyó uno por uno los nombres de los hijos de Corrientes que dejaron su vida en las Islas. Mientras el locutor recorría la lista, el público se puso de pie y aplaudió desde el primer hasta el último nombre. Entonces el músico arrancó, a capella, con el Himno Nacional Argentino, e invitó al público a seguirlo.

Para levantar el clima de melancolía, Arremetió con “El curuzucuateño”, para terminar su presentación con “Don Gualberto”. Su despedida llegó con los aplausos del público, que celebró el regreso a su repertorio más festivalero, el que, al menos para el Cocomarola, nunca debió haber abandonado.

Cerrar las puertas de la Fiesta no es una opción

En conferencia de prensa, Tarragó Ros no pudo esquivar el pedido de opinión sobre la presencia de artistas de otros géneros en la Fiesta Nacional del Chamamé, a lo que se mostró favorable, pero con reservas.

“Mi padre siempre decía que la peor derrota de un hombre es convertirse en aquello que odia. Si fiestas como Cosquín nos cierran las puertas, nosotros no podemos hacer lo mismo, nos estaríamos condenando. Lo que sí hay que hacer es respetar al músico correntino: los horarios centrales no deberían ser para estos artistas de afuera, y no debería correr todo el mundo atrás de lo que quieren. Es injusto que un músico local tenga 20 minutos y esta gente venga a tocar dos horas, monopolice el escenario y no deje probar sonido a nadie. Que vengan, pero tengan su justo lugar, porque además, al final, cada cosa que se hace en la fiesta sale del erario público correntino. Lo justo es que este escenario sea, en la mayor medida, para los correntinos”.